viernes, 20 de junio de 2008

Querido diario


¡Oh! amada infame, que me odias sólo por amarte. De la vuestra cordura bebí yo para transformarla en la más profunda de las locuras; de la vuestra sangre me sacié para sanarme de los más bellos recuerdos que tanto mal me facieron. ¿Por qué me abandonas -oh señora- a los brazos de la eterna enfermedad? ¿Por qué me dejaste sin aliento cuando hacia vos quise volar?



Tremendo crimen cometí sólo por huir de los vuestros deseos de arrastrarme con vos hacia el infierno de la soledad oscura del vuestro ser. El más bello acto jamás acometido. Todavía los gemidos suaves y temerosos de Marie, resuenan en mís oídos como el sonido más dulce de toda la humanidad. Su olor...¡oh, inmenso jardín de los placeres más peligrosos y despiadados!



Por vos todo lo fice, mi adorada y dulce, Muerte. Por la vuestra belleza abrumadora que quita el dolor de aquestos mis sufrimientos, sin arrancarme la locura de mis actos más bellos.


Es inútil que os resistáis por más tiempo. Vos sabéis tan bien como yo que no aguantarán los mis miembros por mucho más. Pues ya nada más puedo vivir, ya nada más podré disfrutar después de haber sucumbido a los más temibles y adorados deseos, ¿no es cierto que ya estoy muerto, bella Dama?

1 comentario:

V de Vértigo dijo...

sigue actualizando, me gusta lo que escribes ;)