viernes, 23 de abril de 2010

¿Por qué, alma mía, no puedo alcanzarte aun sabiendo el dolor que me causa esta nuestra distancia? ¿Acaso no he sufrido lo bastante, amor, como para no merecer el calor de tus negros y tan temibles brazos para aquéllos los ineptos que los rechazan tan despreciablemente?

Ningún sentido tiene ya mi existencia en este mundo miserable, que me arrebató lo único que consiguió, si acaso hacerme sentir un ápice de lo que algunos llaman felicidad. Éso que nunca entendí y que parece no estar hecho para mí, dado que Vos también me rechazáis, amor.
Mucho tiempo ha pasado ya. Mucho tiempo, sí. Mas no por eso se ha marchado esta mi angustia, la que me corroe. Tantas son las vidas que quité, mas ninguna pudo igualar la hermosura de su cuerpo, de su miedo. Cuán ansío ccontemplar de nuevo susdescoloridos senos, sus temerosos demidos, a la vez que ansiosos por probar el sabor del arte en su estado más puro.

viernes, 20 de junio de 2008

Querido diario


¡Oh! amada infame, que me odias sólo por amarte. De la vuestra cordura bebí yo para transformarla en la más profunda de las locuras; de la vuestra sangre me sacié para sanarme de los más bellos recuerdos que tanto mal me facieron. ¿Por qué me abandonas -oh señora- a los brazos de la eterna enfermedad? ¿Por qué me dejaste sin aliento cuando hacia vos quise volar?



Tremendo crimen cometí sólo por huir de los vuestros deseos de arrastrarme con vos hacia el infierno de la soledad oscura del vuestro ser. El más bello acto jamás acometido. Todavía los gemidos suaves y temerosos de Marie, resuenan en mís oídos como el sonido más dulce de toda la humanidad. Su olor...¡oh, inmenso jardín de los placeres más peligrosos y despiadados!



Por vos todo lo fice, mi adorada y dulce, Muerte. Por la vuestra belleza abrumadora que quita el dolor de aquestos mis sufrimientos, sin arrancarme la locura de mis actos más bellos.


Es inútil que os resistáis por más tiempo. Vos sabéis tan bien como yo que no aguantarán los mis miembros por mucho más. Pues ya nada más puedo vivir, ya nada más podré disfrutar después de haber sucumbido a los más temibles y adorados deseos, ¿no es cierto que ya estoy muerto, bella Dama?

lunes, 9 de junio de 2008

Querido diario.

Por fin lo conseguí.

La suavidad de sus senos cual dos preciosas montañas separadas por un estrecho sendero; la dulzura de sus cabellos; la seguridad en sus ojos suficientemente ingenuos como para vislumbrar en ellos la pasión de una niña. ¡Oh! ¡Cuán ansiaban mis manos el tacto de su piel, culpable de los asesinatos más crueles y fambrientos en el seno los hombres! ¡Cuán maravillosa su mirada, posada en los ojos de aquél que no apreciará jamás el valor de sus cálidas y temerosas lágrimas! ¡Ay infelice del que las fizo derramar!


¡Ay, de mí! Valeroso de sus deseos nunca puestos en mí. Por fin conseguí la belleza más sublime jamás nunca imaginada o soñada, por ser superior a cualquier insignificante pensamiento humano. Por fin un crimen digno de ser acometido, cual obra de arte en su nombre inscrito, pues crimen ha de tomarse como arte en sí mismo por ser llevado a cabo de manera voluntaria con fines placenteros e inmejorables. Por fin una obra despojada de los comunes rasgos característicos del principiante que actúa por despecho, inseguridad o rabia, tratando de satisfacer el orgullo y la sobredosis de su egocentrismo con simples fechos de sufrimiento físico, que contaminan el verdadero arte.

Yo, tras largos años de continua desesperación por la búsqueda de la perfección, y tras caer en los engaños deste cuerpo del cual se me fizo dueño, que me obligaron a dejarme llevar por los mis más terribles deseos y pasiones con el fin de satisfacerse -malvado y supérfluo de ti-, conseguí facerme con ella. La perfección de la su belleza no contaminaba, como acostumbrados nos tienen los cuerpos (pues no son mentes) de la época, la inteligencia, sabiduría e ingenuidad de su ser. Yo conseguí disfrutar de ella y deste arte, como nadie jamás sá ni sabrá poder facerlo. El mejor asesinato de la historia deste mundo y de cualquier otro jamás inventado.

Y ahora que lo logré, ahora que sé que nada más podré igualar, y ni mucho menos superar, ¿qué puedo yo, ¡oh! infelice, esperar deste insignificante mundo que ya nada más podrá enseñarme? ¿Qué queda en aquesta la vida, digna de ser vivida para mí?